Obama quiere dejar un 'legado limpio'

 
 
Fue una casualidad. Pero una casualidad con 'retranca'. A las 9 menos 13 minutos de la mañana, hora de Washington, Alpha Natural Resources, la segunda minera de carbón más grande de Estados Unidos, suspendía pagos. A las 2 y cuarto de la tarde, en la Casa Blanca, Barak Obama anunciaba el primer plan del país para reducir -en lugar de limitar- las emisiones de gases que provocan el calentamiento de la atmósfera y el mar.
Obama lo hizo sobre un fondo de una imagen recientemente divulgada por la NASA de la Tierra en el espacio. "Solo tenemos una casa. No hay un 'Plan B'", dijo el presidente de EEUU. Su objetivo es que las emisiones de las plantas de generación eléctrica de ese país sean en 2030 un 32% inferiores a lo que eran en 2005. Para ello, los estados deberán presentar planes en el otoño de 2016 con el objetivo de lograr ese objetivo, aunque las reducciones no deberán empezar hasta 2022.
Ese 32% suena a mucho. Y lo es. Pero también es cierto que es menos de lo que parece. De ahí procedieron las críticas de las organizaciones ecologistas, que acusaron al presidente de hacer muy poco y muy tarde.
La clave es que la combinación de la recesión de 2007-2009, la mejora tecnológica, las regulaciones que Obama lleva poniendo en práctica desde que llegó a la Casa Blanca en 2009 y la explosión del gas natural obtenido por medio del controvertido método del 'fracking', o fracturación hidráulica, han reducido de forma drástica las emisiones de CO2 de las térmicas.
Según los propios datos de la Agencia de Protección del medio Ambiente (EPA, según sus siglas en inglés) de EEUU, la generación eléctrica produjo en 2014 2.043 millones de toneladas métricas de CO2. Eso es mucho. Pero hay que tener en cuenta que en el año 2005, que es el que Obama ha usado como base, su producción de CO2 fue de 2.415 millones de toneladas métricas. O sea, que las térmicas estadounidenses producen un 17% menos que en 2005.
Si se miran las cosas así, el recorte es más modesto. Porque lo que supone un 32% con relación a 2005, se queda en un 20% si se compara con el año pasado. El otro 12% ya ha caído solo. O sea, que en lugar de recortar las emisiones en 772.000 millones de toneladas anuales, Obama solo quiere que éstas caigan en 400.000. Eso significa que en 2030 las centrales eléctricas estadounidenses deberán emitir la quinta parte menos de CO2 que están lanzando a la atmósfera ahora. Claro que de cara a un titular, el 32% es siempre más impresionante.


Los efectos de este plan

Pero, aun con ese matiz, el alcance de las medidas anunciadas por Obama es muy considerable. Los 2.043 millones de toneladas métricas de gases que calientan la atmósfera que EEUU emitió en 2014 al producir electricidad son el triple que todos los que produjo la cuarta mayor economía del mundo, Alemania -contando generación eléctrica, transporte y consumo industrial y privado en ese país-. Solo los países en vías de desarrollo, como China, India o Rusia, son más ineficientes que EEUU en su uso de la energía, de acuerdo con los datos del Banco Mundial.
El peso del recorte recaerá sobre las térmicas, en su gran mayoría extremadamente antiguas e ineficientes, y alimentadas con carbón. Según datos de la EPA -cuya máxima responsable, Gina MCarthy, compareció con Obama en la Casa Blanca- las plantas de generación eléctrica produjeron en 2014 el 38% del CO2 que ese país emitió a la atmósfera.
A su vez, el 76% de esa proporción vino del carbón. De ahí que la suspensión de pagos de Alpha Natural Resources fuera, precisamente, emblemática del debate sobre las emisiones de gas en EEUU, un país en el que 25 de los 50 estados tienen minas activas de carbón y el que el 'lobby' de los productores de ese combustible es mucho más influyente que el de las petroleras. Y de ahí que 12 estados ya hubieran anunciado que iban a llevar a los tribunales la nueva regulación de Obama antes de que éste la hubiera anunciado. A fin de cuentas, hace poco más de un mes que el Tribunal Supremo tumbó las normas de la EPA sobre emisiones de mercurio por las térmicas de EEUU.
Pero, en el caso del CO2, la EPA tiene más posibilidades de ganar, porque el Supremo ya ha dictaminado en tres ocasiones en los últimos ocho años que ese organismo es competente en la regulación de gases que provocan el cambio del clima.
Claro que si los jueces no lo 'tumban', el proyecto de Obama va a tener consecuencias en el largo plazo, porque se basa en la expansión de las renovables y, en menor medida, de la nuclear. No es solo que el carbón pierda, sino que también lo hace el gas natural, que hasta ahora había sido fomentado por la Casa Blanca como una alternativa que genera menos CO2.

Adios Cecil adios

El león Cecil 
 
El león africano Cecil, muerto a flechazos por un dentista y cazador estadounidense en el parque Hwange de Zimbabue, se ha convertido en el emblema de la crueldad humana con los animales. Su sangre nos mancha a todos.
El mundo, y sobre todo los niños, están llorando la muerte de Cecil y para consolar a los pequeños los padres les hacen dormir abrazados a un león de juguete.
Es posible que esa historia que se apoderado de las redes sociales nos haya dolido a cada uno de nosotros por motivos diferentes. Sin duda, en ella se mezclan una serie de elementos que hacen más repugnante y simbólica esa tragedia animal, como el engaño para arrancar a la fiera del parque, su muerte cruel al dejarle dos días agonizando, su posterior decapitación y los 50.000 dólares pagados para corromper, supuestamente, a guías del parque.
Los soberbios humanos no debemos olvidar que la vida animal está estrechamente ligada a la nuestra. Formamos, personas y animales, una única familia indisoluble
Sí, ya lo sé. Hay quien ha escrito: ¿por qué tanto ruido por el sacrificio, aunque doloso, de un león, cuando se asesina cada día a miles de humanos inocentes? ¿Qué añade la muerte cruel de un animal a la barbarie que nos brinda cada día nuestra presunta humanidad? ¿Por qué la gente no llora, protesta y se indigna más bien con las injusticias sociales que siembran de víctimas nuestro planeta?
Y, sin embargo, la crueldad perpetrada contra el león está ahí. El mundo se ha levantado contra el cazador estadounidense. Quizás porque lo ha visto como el espejo que nos devuelve lo más bajo de nuestros instintos de violencia y desprecio por la vida. Y cuando hablamos de vida, los soberbios humanos no podemos ni debemos olvidar que la vida animal está estrechamente ligada a la nuestra. Formamos, personas y animales, una única familia indisoluble.
Quizás esa indignación generalizada contra el cazador del león refleje una toma de conciencia colectiva y positiva de que en este mundo nuestro, o nos salvamos y respetamos juntos o juntos nos perderemos.
Si a cada uno le ha podido doler el sacrificio inútil y bárbaro de Cecil por un motivo diferente, hay uno que ha quedado silenciado o inadvertido. Palmer, el dentista cazador, se dice arrepentido. Pero no de su crueldad con el animal, sino porque, dice, “no tenía ni idea que el león fuera tan famoso y conocido”.

¿Eso significa que si hubiese sido un león cualquiera, sin fama, sin nombre, sin gloria, no se habría arrepentido de engañarle, matarle y torturarle y hasta pagar por ello?
¿No les recuerda eso lo que pensamos del trato que merecen en nuestra sociedad humana los famosos e importantes, al revés de los anónimos y sin gloria? ¿No suelen ser tratados incluso en los tribunales de justicia de forma diferenciada los famosos e importantes, los que ostentan poder y riqueza, y los parias de las tres p: pobres, putas y negros (pretos, en portugués)?
¿No nos recuerda la sorpresa del cazador que mató al león porque no sabía que era famoso lo que se hace con las gentes de nuestras comunidades carentes? Allí las víctimas de la violencia institucional son sacrificadas sin excesiva preocupación, ya que no son famosos, ni tienen nombre y poder,
África, la tierra del león Cecil, es otro emblema de esa injusticia e indignidad internacional perpetrada contra los que no son famosos. Es un continente abandonado a su suerte. La muerte de sus hijos no nos quita el sueño.
¿Causaría el mismo clamor mundial, el mismo eco en los medios de comunicación, el naufragio de un barco con miles de emigrantes africanos anónimos que si los náufragos fueran grandes industriales, políticos o artistas de fama de Estados Unidos?
La sorpresa del cazador por el clamor de protesta contra quien mató al animal debería hacernos reflexionar. Y los 50.000 dólares pagados para martirizar al león son un escarnio para todos los que en el mundo pasan hambre o mueren por falta de dinero para curarse.
Cuando el Rey de España, Juan Carlos I, pagó unos 75.000 euros para matar por deporte a un elefante también en África, una mujer que no conozco, Esther Marin, escribió en mi blog algo que conservé y nunca olvido: “Con lo que el rey pagó para darse el gusto de matar a un elefante inocente, yo hubiera salvado a mi hija de cinco años. La perdí porque no tenía recursos para conseguirle unas medicinas muy caras que podía comprar solo en Estados Unidos”.
Aquella niña y aquella madre formaban parte de esos millones de humanos que pueden morir, sin que nos escandalicemos, porque a fin de cuentas no eran famosos.
¡Gracias, león Cecil, por estar despertando con tu sacrificio inútil y cruel nuestra conciencia burguesa y adormecida!